jueves, 11 de septiembre de 2014

Dejémoslo en un Hasta pronto

Llevo ya mucho tiempo pensándolo, pero supuse que cambiaría tarde o temprano, por desgracia no ha sido así. Lo cierto es que hace ya tiempo que no tengo ni las ganas ni la inspiracion para seguir escribiendo sobre Eragon y Saphira por lo que tengo pensado dejar de hacerlo definitivamente.

De todas formas voy a hacer lo que prometí, aunque no este completo, a partir de ahora podéis leer TODO lo que había escrito del epílogo en la pagina de Epilogo de Legado donde hasta ahora teníais todo lo que había colgado por el momento para que veáis que no os he estado engañando durante estos dos años. Perdonad las faltas y eso,ya que al final no he podido releerlo y corregirlo como dije en su día.

Me queda mal sabor de boca, ya que estaba demasiado cerca del final, por lo que os prometo que si en algún momento recupero las ganas os lo haré saber de inmediato y volveré a publicar (así que pasaros alguna vez por el blog al mes), y si otro quiere tomar mi testigo y acabar lo que yo no he podido, no pediré derechos de autor ni nada ;-) A pesar de todo, no desvelo que final tenía pensado (aunque no me parece muy difícil de adivinar) por si algún día efectivamente vuelvo sobre los cimientos de este epílogo

Deciros que ha sido un placer estar con vosotros compartiendo esta fantástica saga con vosotros y que yo también me pasaré por el blog para leer vuestros comentarios. Así que ya solo me queda decir que ojala que esto no sea el fin.

Hasta pronto
Samuel

lunes, 28 de julio de 2014

11.5.

Perdonad mi larga ausencia, pero he sufrido un percance con el ordenador y me ha sido imposible incluso avisaros, pero ya esta todo solucionado y estoy aquí para continuar con el epílogo, los siento mucho.

Informados ya, volvamos con Angela y sus huesos...

-          He cambiado, lo que pasó hace unos días en Dorú Areaba me cambió, no soy el mismo, lo que leíste fue el futuro del Eragon que acababa de salir de Carvahall, ese Eragon se fue de Alagaësia y no volvió, he cambiado y también mi nombre verdadero lo ha hecho. Mira –entonces Eragon pronunció su antiguo nombre verdadero y por primera vez aquel escalofrío no le recorrió el cuerpo- ha cambiado.
-          ¡De modo que lo sabías! ¡Sabías que ocurriría esto y aun así has venido para humillarme!
-          La verdad es que si creía que era lo que había pasado, pero no estaba seguro y esta era la única manera de averiguarlo.
-          Está bien, vuelve pronto.
-          ¿Me echas?
-          No, pero es que tengo muchas cosas que pensar y necesito estar sola.
-          Está bien.
Eragon se levantó y se encaminó hacia la puerta, la abrió y empezó a bajar los escalones, pero justo cuando iba a bajar el último de ellos escuchó una voz del interior “Eh se te ha olvidado pagar, la otra vez te lo ofrecí yo, pero ahora lo has pedido tú.” Eragon volvió a entrar y depositó un galeón sobre el escritorio de la herbolaria. Esta, dio una seca cabezada y volvió a concentrarse en lo que estaba haciendo. Esta vez Eragon si salió a la calle y notó como el siniestro olor había desaparecido y el sol había vuelto a aparecer por encima de los edificios. Seguro de que todo eso era obra de la herbolaria puso rumbó hacia la plaza Islanzadí, buscando la respuesta a aquella misteriosa magia que parecía que solo conocía ella.


Fin del capitulo

En breve comenzaremos el proximo:

12. Ordenes de la Realeza

No es la leche pero bueno...


viernes, 20 de junio de 2014

11.4

Esa vez Ángela apenas estudió los huesos, segura de cual sería el resultado, los huesos rodaron por la mesa hasta que se detuvieron, la herbolaria dejó vagar su mirada por los huesos, aburrida, apenas los estudió todos, convencida de que el resultado sería el mismo, pero Eragon había advertido que uno de los huesos no era el mismo que el de la otra vez, por desgracia no sabía cual que había significado ni que significado tenía ahora. Ángela observó que el muchacho mantenía la mirada fija en uno de los huesos, pero no le presto atención y sencillamente carraspeo para que el jinete la atendiese:
-          Bueno, este símbolo sobre el hueso, significa, como ya te dije una vez que vivirás mucho tiempo, jiji ¡claaaro como eres jinete! Jiji –ante aquella risita estridente de la herbolaria, Eragon se preguntó si tal vez habría bebido demasiado, pero enseguida Ángela volvió a hablar mientras señalaba otro hueso- Bueno, pegado a este la otra vez estaba pegado el relámpago, pero como ya perdiste a Brom ha desaparecido, sin embargo el camino errante sigue aquí, ay, jaja, aun te queda mucho por vivir, si es que aún no llegas a los cincuenta y eso comparado con la eternidad es poco, todo comparado con la eternidad es poco. –La herbolaria hizo una pausa y señaló el siguiente- La otra vez, el árbol y la raíz de espino se entrecruzaban, esta vez ni aparecen, no creas que tienes razón, sencillamente son cosas que ya han ocurrido, al igual que el relámpago. Y finalmente llegamos, al que creo que más te interesa –dijo mientras señalaba un capullo de rosa entre los extremos de una media luna- ¿te acuerdas de lo que significaba?
-          Que tendría un romance con una mujer de noble cuna y linaje.
-          Efectivamente, bien, pues no ha cambiado, tu futuro con Arya continúa siendo una incógnita.
Creyendo que ya había terminado, Ángela hizo el ademán de levantarse, pero en último instante fijo su atención en un símbolo que había pasado por alto, allí donde antes uno de los huesos se apoyaba sobre un barco de vela, ahora señalaba hacia un hombre sentado. Ángela abrió completamente los ojos, sin poderse creer lo que veía, sorprendida y asustada recogió todos los huesos y los volvió a lanzar, y después otra y otra vez, pero siempre uno de los huesos aterrizaba sobre el hombre sentada. Finalmente, derrotada, se quedó mirando fijamente a Eragon y dijo:
-          Bueno, definitivamente eres un saco de sorpresas ¿eh? En todos los años que llevo haciendo esto nunca, ¡jamás! Un símbolo había cambiado, esto significa sedentarismo, lo que quiere decir que permanecerás siempre en la tierra que pisas. ¿Tienes alguna idea de como ha ocurrido?
-          Tengo una idea aproximada…

-          Te escucho.

jueves, 12 de junio de 2014

11.3

Bien, acabado ya el instituto y con mi titulo en ESO tendré ahora mas tiempo para el blog. VTK ya se que hasy mucho espacio entre entrada y entrada, pero es que soy una persona muy ocupada, cada vez más... De todas formas ahora si que volvere a publicar cada una o dos semanas.

Como ya dije, el capitulo 11, Destino, es la columna vertebral del epílogo, la que justifica su existencia, a mi me parece que está bien logrado, pero nunca es igual el escritor que el lector, por lo que me gustaría que me comentarais que os parece...

La sonrisa que antes reflejaba el rostro de la herbolaria, se fue estrechando hasta que solo quedó un final línea entre sus labios. Sus ojos expresaban ira y sobre todo rabia. De pronto, todo se oscureció la pequeña chimenea que quedaba a la derecha del jinete que  apenas chisporroteaba se convirtió en la única fuente de luz de toda la habitación aparte del reluciente vestido verde de Ángela, que de alguna manera irradiaba una deslumbrante luz plateada.
Eragon se quedó con la boca completamente abierta. ¿Cómo había hecho eso? ¿Había sido magia? ¿Había arriesgado su vida sencillamente para hacer un viejo truco de teatro? De manera que cuando volvió a mirar a los ojos de la herbolaria vio un poder oculto durante muchos años en lo más profundo de su ser. Al hablar, la voz penetró en los oídos del jinete con tanta intensidad que Eragon no pudo evitar taparse las orejas con las manos, la voz era profunda, grave y terrible:
-          ¿ACASO TE ATREVES A CUESTIONARME, MÍSERO JINETE DE DRAGÓN? –La voz que había ido creciendo amenazaba con desmayar a Eragon- ¿OSAS CUESTIONAR A ÁNGELA? ¿DUDAS A CASO DE MIS PODERES?
Y entonces todo volvió a la normalidad, el vestido de la herbolaria dejó de irradiar esa potente e insoportable luz y el fuego volvió a iluminar toda la habitación. Eragon se sorprendió viéndose de pie, así que se dejó caer de nuevo sobre la silla. Ángela volvía ser la de siempre, y su sonrisa volvía a instalarse en su rostro:
-          Aun así, te demostraré que te equivocas
-          ¿Cómo has hecho eso sin hablar en el idioma antiguo?
-          Ya te dije una vez que yo era poderosa, no te olvides de quien te rescató en Dras-Leona, pero no has venido aquí por eso ¿no?
Dicho esto, la herbolaria se inclinó hacia la derecha y abrió un cajón del que extrajo una pequeña bolsita de tela cerrada por unos hilos. Sin prisa fue desatando, uno a uno fue quitando los nudos mantenían cerrada la bolsa, los hilos eran de distintos colores, el primero que desató fue el rojo, después el verde, el azul, el amarillo, el negro y por último, el blanco, este último se le resistió un poco pero finalmente Ángela extrajo sus preciados nudillos de dragón.
Ángela se puso seria mientras sostenía los huesos con ambas manos, pero aquella vez no cerró los ojos sino que permaneció mirando al jinete, la hoguera de odio que hervía en su interior, no se había apagado. La ira aún se reflejaba en los ojos de la bruja, Eragon detectó un movimiento a la derecha de la herbolaria y se alegró de tener una escusa para desviar su mirada de la de Ángela, el hombre gato observaba con una sonrisa felina, sus ojos amarillos se habían reducido hasta transformarse en una estrecha rendija y mantenía la cola completamente levantada. Entonces Ángela desvió la mirada hacia sus manos y pronunció con una voz potente sin apenas mover los labios:
¡Manin! ¡Wyrda! ¡Hugin! – Y tiró los huesos sobre la mesa. Cayeron todos juntos y relucieron bajo la tenue luz de la hoguera-.

Hasta pronto

domingo, 11 de mayo de 2014

11.2

Hola de nuevo, quiero agradecer a todos aquellos nuevos (o antiguos) que están descubriendo (o re-descubriendo) el blog. Gracias a vosotros, abril ha sido el mes con mas visitas desde agosto de 2011, espero que siga asi tanto como deseo acabar este epílogo que me esta volviendo loco ya ;-)

Creo que os gustara bastante el final e incluirá muchas cosas de mi propia producción, no sera tan solo una especie de "parche" que poner a los libros, sino que el epílogo tiene un eje propio.

Poco mas que decir, retomamos con algo que en mi opinión es uno de los pilares que sostienen la razón del epílogo, a mi me parece que se refuta bastante bien, pero si me pudierais dejar algún comentario diciéndome qué os parece a vosotros os lo agradecería.


Cuando deshizo el hechizo se escurría ya entre un estrecho y oscuro callejón entre dos altos edificios de piedra, el olor a fruta podrida se podría haber notado cincuenta manzanas más lejos y aquel insufrible olor aumentado aún por las capacidades de Eragon lo inundaba todo y hacía que empezara a marearse y a ver lucecitas de distintos colores.
Continuó andando por aquel estrecho callejón adentrándose en una espesa oscuridad, guiado por el fuerte olor a podrido, no sabía exactamente que hacía que siguiese aquel olor nauseabundo, pero sentía que tenía la necesidad de llegar hasta el lugar de donde provenía.
Llego un momento, ya que el callejón parecía interminable y Eragon no tenía ni idea de cuánto tiempo había transcurrido desde que  había adentrado en el por lo que había perdido la noción del tiempo, que la oscuridad terminó haciéndose completa, por mucho que Eragon alzase la cabeza hacia el cielo, sus pupilas no conseguían atrapar el menor rayo de luz. Cuando esto ocurrió el olor a fruta podrida era ya casi mortal y a Eragon tuvo una idea y con un susurro inaudible para todos menos para él, aunque estaba solo, pronunció el nombre del idioma antiguo y esperó a ver qué pasaba. Después de esperar un par de minutos, que a él le parecieron horas, continuó andando por el callejón.
Cuando empezó a preguntarse si debería darse la vuelta, le pareció ver un pequeño resplandor a lo lejos. Fue algo parecido a un chispazo y fue tan rápido que se preguntó si realmente lo había visto o se lo habría imaginado, pero cuando volvió a mirar hacia donde le había parecido ver aquel puntito de luz, volvió a verlo y esta vez sí que estaba seguro de que lo había visto. Sin detenerse echó a andar hacia él.
Lentamente, el pequeño puntito de luz se fue haciendo más y más grande, hasta que terminó cobrando forma de una pequeña llama dentro de una lámpara marinera. Una pequeña tienda pintada de colores verdes oscuros era lo único que Eragon alcanzaba a ver en aquella gran oscuridad. Para entrar en la tienda, había que subir tres pequeños escalones de madera, en el tercero una sombra adquiría forma felina y enseñaba los dientes debajo del bigote. Solembum le dedicó su más encantador maullido desde el suelo, invitándole a pasar. Eragon vaciló apenas un momento, pero suficiente para que el hombre gato lo notase y le preguntase: “¿Qué ocurre? ¿Tienes miedo?”. Eragon puso su mejor cara de idiota y respondió: “No” y sin pensárselo dos veces abrió la puerta y entró en la tienda.
Antes de que traspasase el umbral, ya sabía quién le esperaría dentro. Aun así no pudo evitar sobresaltarse al escuchar una voz tan tremendamente familiar después de tanto tiempo:
-          Ah, jaja, ya sabría que vendrías a visitarme antes de que yo fuera a por ti. ¡Bueno! ¿qué te parece? Te gusta el pequeño antro donde me he instalado, ¿eh? Está bien, no habrás venido solo para estar de charla, eso se te nota en la cara. ¿Qué quieres?
Hace treinta y nueve años me predijiste un destino con unos huesos de dragón, he venido para pedirte que lo hagas de nuevo.


Actualizo también la pagina del Epílogo para aquellos que querais repasar o leerlo de nuevo

Un saludo.

miércoles, 30 de abril de 2014

Comienzo del capítulo 11

Bien, el fragmento de hoy es mas bien tranquilo en comparación con el anterior, también algo mas largo y une el final del capitulo 10 con el principio del 11, espero que os guste, aunque la parte importante del capítulo llegara la próxima semana

Justo en el último momento, Arya sintió como la mano dejaba de sangrarle y que la sangre, milagrosamente volvía a circular por su interior, a la vez que una voz terrible resonaba como un trueno en su cabeza “No vuelvas a intentarlo” entonces Eragon desapareció de su mente. Arya tardó un rato en ser capaz de pensar con claridad, cuando al final lo consiguió el jinete ya se había ido.







11 Destino
Al día siguiente, la mañana ya estaba muy avanzada cuando Eragon salió por fin de sus sueños de vigilia. Tras lo ocurrido la madrugada anterior, el remordimiento lo había estado asaltando durante toda la noche. Una y otra vez escuchaba los gritos de Arya intentando traspasar la barrera que el mismo había construido y el deseo de ayudarla contrapuesto con el de que necesitaba un castigo por lo que había hecho.
Al levantarse descubrió que Saphira no estaba, pero no le dio importancia, probablemente estaría con Firnen. Pero rápidamente otro pensamiento lo atacó “¿Y si Arya le había contado a Firnen lo ocurrido la noche anterior? ¿Y si este se lo contaba a Saphira? ¿Estaría ella de acuerdo con la decisión que él había tomado? Estas y otras preguntas pasaban por su cabeza cuando un jovencito de no más de doce años, rubio y lleno de pecas se le acercó y le entregó un sobrecito que parecía una carta. Eragon le dio un par de monedas al chico y este hizo una torpe reverencia antes de volver por dónde había venido.
Eragon no abrió inmediatamente el sobre, sino que primero se conformó con observar los detalles de este: el papel era áspero y de un extraño color morado claro, la parte donde se encontraba la apertura estaba resaltada con un color verde apagado y el sello donde se cerraba el sobre era de un color rojo intenso. Eragon pudo distinguir dentro del sello un dragón bicéfalo detrás de un escudo en el que se podía apreciar claramente el nombre de la guardia especial de Nasuada: Los halcones de la noche.
Rompió el papel morado con cuidado de no estropear el sello, dentro una pequeña nota de papel esperaba a ser leída. En el momento en el que se fijo en las letras, pudo apreciar la curvada caligrafía de Nasuada. La nota rezaba: ¿¡¡Cómo se te ocurre desaparecer así!!? Ven a la sala del trono dentro del castillo dos horas después de la comida. Trae a Saphira.
La agresividad de la nota sorprendió a Eragon, pero después entendió que había desaparecido durante dos días, justo un día de haber vuelto, eso quería decir que apenas le restaban otros tres días y lo que quedaba de ese para encontrar su respuesta a la pregunta del dragón, además del banquete.
Aún quedaban un par de horas para la comida, de modo que se decidió a hacer lo que no había hecho la noche anterior, hablar con Brom. Se puso en marcha sin exactamente saber adonde iba, deambulaba por las calles intentado encontrar al anciano. Allí por donde pasaba despertaba grititos de sorpresa y alguna que otra mirada que guardaba más que sorpresa. Mas de diez veces escuchó aquella pregunta que empezaba a no resultarle tan extraña “Jinete de dragón, ¿quieres casarte conmigo?” decían las jóvenes muchachas, antes de darse la vuelta, tremendamente abochornadas cuando Eragon las identificaba y les dedicaba su más encantadora sonrisa, y las veces que no las identificaba, adivinaba fácilmente quien de ellas había sido porque eran rápidamente reprendidas por sus abuelas. Eragon pensó de pronto que tal vez alguna de esas abuelas fuera alguna de las otras jóvenes que le formularon la misma pregunta años atrás en Farthern Dur, y se reía por dentro al ver lo mucho que cambiaba la gente durante la vida.
Pero no eran solo peticiones de matrimonio lo que Eragon escuchaba, muchos otros se acercaban a sobarle y a darle las gracias, también le pedían que curase la pierna rota de su hija pequeña, el resfriado de su suegra, etc., aunque más de uno lo que pedía era que el resfriado agravase. Al final, Eragon terminó entrando en cincuenta casas distintas, sin repetir el motivo por el que lo hacía, y cuando se cansó desapareció ante las narices de un comerciante que insistía en regalarle dinero con un sencillo hechizo. 

sábado, 5 de abril de 2014

10.3

Eragon explotó, sabía que Arya intentaba sonsacarle información, pero no creía que llegara a intentarlo mediante una forma tan sucia como la seducción. Lentamente, mientras miraba la mano de Arya, posó la suya sobre la de la elfa, para darle una pequeña satisfacción. Entonces empezó a pronunciar con dulzura unas palabras en el idioma antiguo. Cambio el orden de las palabras de tal manera que Arya no supiese que orientación le daba al hechizo hasta la última palabra. Esta, aguardó impaciente confiando en la dulzura del tono de Eragon. Pero cuando a falta de una palabra, Eragon volvió a mirarla, Arya sintió miedo. Su mirada, era cruel y llena de sed de venganza y mientras pronunciaba la última palabra del hechizo, el jinete dibujó una sonrisa pícara.
Arya no pudo evitar dar un grito cuando sintió como un millar de puñales le taladraban la mano, profundos cortes se abrían inevitablemente en la palma y el dorso, y de ellas brotaban sendos regueros de sangre. La elfa se derrumbó, estaba perdiendo sangre y sabía que se desangraría en poco tiempo. La cabeza se le empezó a nublar, así que busco rápidamente el hechizo de curación, pero cuando intento utilizar las reservas de energía para llevarlo acabó, descubrió que no tenía acceso a ella. Un impenetrable muro se erigía entre la elfa y su magia. Arya no tardó en darse cuenta de que aquella barrera era de Eragon, que se había introducido en su mente aprovechando la confusión. La elfa se sintió de pronto desnuda ante la cantidad de información a la que Eragon tenía acceso en aquel momento. Pero tampoco tuvo mucho tiempo para pensar en eso, necesitaba su magia. Así que empezó a recorrer la interminable muralla que la separaba de su única salvación. Pero la barrera no tenía ningún pequeño resquicio donde intentar introducirse dentro.
Cuando al final se rindió, termino gritándole a Eragon: “¡Déjame pasar!” Su tono era más una súplica que un grito. “Haré lo que sea, LO QUE SEA” Pero nadie respondía. Una y otra vez la elfa repetía su petición, hasta que al final, una voz conocida y que en otros momentos la habría considerado amiga le respondió “¿Por qué?” Arya no tuvo tiempo de pensar una respuesta coherente. Su cabeza era ya una charca embarrada de pensamientos sin sentido. Aun así supo que estaba a punto de morir.

domingo, 16 de marzo de 2014

10.2

Bueno antes de nada quería dar las gracias a todos aquellos que me estáis apoyando en que lo acabe y que estáis comentado los fragmentos, algo que llevo mucho tiempo queriendo. Se que dije que el epilogo estaría acabado para una fecha que queda ya bastante lejana, pero quiero que tengáis en cuenta que en un principio solo tenia pensado que tuviera una extensión de 30 paginas o así y ya sobre seguro que pasara las 120. Además yo me comprometo a terminarlo, tal vez lo haga con nietos y la mayoría de vosotros estaréis ya muertos, pero yo lo acabaré.

Por cierto VTK, respecto a lo que dijiste de la redacción, es que voy releyendo y borro y pongo otra cosa, y lo vuelvo a cambiar, y a veces se me quedan palabras sueltas o repetidas, aparte de los leísmos y laísmos propios de mi comunidad, de todas formas tranquil@, cuando lo acabe, estaré una semana releyendo para pulir esos defectos.

Pero no me entretengo más.

Eragon no pudo evitar desviar la mirada y esbozar una sonrisa, aquella simple pregunta sirvió para relajarlo por completo en un principio y para que después una pequeña llama de ira empezara a arder. “O sea que eso es todo ¿eh?” pensó Eragon. “Pues no tendrás lo que quieres”. Aun así se controló, enfadar a Arya era lo que menos deseaba en el mundo.
-          No puedo decírtelo,-pero no pudo evitar darle un anzuelo que morder para fastidiarla- guardo secretos que deben conocer muchas personas y prefiero contarlo todo solo una vez.
Arya mordió el anzuelo, tal como Eragon quería. Su curiosidad era diez veces más grande que antes. Además, un nuevo objeto se filtró en su campo de visión, Eragon tenía algo escondido detrás de su espalda. Ni siquiera llegaba a ver su forma, pero el jinete escondía sus manos y con eso le bastaba. Con un tono más calmado, paciente y cariñoso, ella abordó el tema más tranquilamente, intentando no cometer por segunda vez el mismo error:
-          Eragon, ¿qué tienes ahí detrás?
Este, la miró de nuevo. Arya se quedó sorprendida de lo que vio, leyó en los ojos de Eragon miedo, un miedo terrible a aquella pregunta. Pero también una llama de convicción, protegería esa respuesta con uñas y dientes y nadie se la arrebataría. Nunca había visto una mirada así y menos aún había escuchado hablar a Eragon de la manera que lo hizo:
-           Na…, na…, nada – le temblaba la voz como si estuviese a punto de desmayarse, y aun así el tono poseía la fuerza de una respuesta completamente firme.- Nada importante.
Pero Arya sabía que eso era mentira. La paciencia empezaba a acabársele a la elfa y volvió a precipitarse. Subió la intensidad, y optó por el método menos apropiado. A ella tampoco le gustaba, pero pensó que probablemente sería más efectivo: se equivocaba. Lentamente la elfa poso una mano sobre la mejilla fría del jinete, obligándole a mirarla a los ojos.
Puedes confiar en mí. Vamos cuéntamelo –Eragon miró a la elfa. Su mirada, siempre dura e impenetrable ahora se tornaba traviesa y juguetona- Cuéntamelo.

Hasta la semana que viene

sábado, 22 de febrero de 2014

Capítulo 10

Habiendo terminado ya el capitulo 9, debemos, como es evidente, comenzar con el décimo. Creo que sera uno de los más "polémicos" ya que mas de uno no estará de acuerdo o no crea lo que aquí ponga, pero bueno, también supongo que habrá por lo menos alguien al que le guste, o al menos eso espero, continuo trabajando en ello, ahora mismo de hecho, espero terminarlo lo antes posible....

10 Seducción.
Ya eran altas horas de la madrugada cuando Saphira aterrizó sin hacer ruido en la plaza redonda. Durante el viaje Eragon no había parado de ver a Brom por todas partes, todo le recordaba el viaje que había hecho con su padre, así que en cuanto tocaron el suelo se dispuso a buscarle para hablar con él, pero antes tenía que asegurarse de que a su preciado tesoro no le hubiera pasado, de manera que tuvo que esperar a que Saphira estuviese profundamente dormida para ir a buscarlo. Lo había enterrado en la tierra mientras buscaba a Jeod el día anterior, tardó un rato en encontrar donde lo había dejado, pero cuando lo hizo se arrodilló y empezó a murmurar deprisa el conjuro para desenterrarlo.
Media parte de la caja donde había guardado su preciado objeto empezaba a emerger de la tierra. A Eragon le costaba mucho mantenerse despierto, pero aun así mantenía la concentración. Cuando por fin consiguió extraer la caja del todo, la abrió y comprobó que su tesoro continuaba allí. Lo sacó de la caja y lo mantuvo un rato sujeto en sus manos. La suavidad le maravillaba y la dureza también, era algo maravilloso y por lo que muchas personas darían casi la vida por obtener, algo que solo era comparable con la belleza con el huevo de Saphira, pero no se parecía en nada. Y una vez más esa maldita pregunta le asaltó la cabeza: ¿Si o no?
-          ¿Eragon? –susurró una voz conocida detrás de él. Eragon se dio la vuelta dejando el tesoro a su espalda para que quien fuese el que le había llamado no lo viese. A unos tres metros de Eragon, Arya le dedicaba su más encantadora sonrisa. Sus miradas se encontraron mientras ella añadía- Te he echado de menos.

En cualquier otro momento de su vida, Eragon hubiera dado lo que fuera por compartir aquel momento con Arya, pero precisamente en aquel momento era la persona a la que menos deseaba ver. Arya tampoco las tenía todas consigo, finalmente, la curiosidad había podido con el respecto que sentía hacia Eragon y estaba dispuesta a todo con tal de arrancar un par de capítulos de la historia que tanto ansiaba.
Un sudor frío, que no tenía nada que ver con el frescor de la noche, empezó a deslizarse en la espalda del jinete. Su clara y despejada mente empezaba a nublarse mientras intentaba encontrar una respuesta apropiada. Había preparado aquel encuentro durante tanto tiempo y no recordaba nada de lo que quería decir tantas otras veces. Finalmente se decanto por lo más sencillo:
Yo también. –Arya no pudo contenerse y abordó el tema directamente, sin dar un rodeo: un claro error- ¿Qué te ha ocurrido en todos estos años?



Creo que podreis relacionar esto con el avance que colgué hace tiempo

domingo, 26 de enero de 2014

9.4

Se montó en la silla y Saphira volvió a sumergirse. La dragona la llevó con la corriente, río abajo hacia el norte. Poco a poco la dragona fue yendo más despacio, hasta que en algunos momentos Eragon podía nadar sin necesidad de estar de estar agarrado a la silla y mantener su ritmo. Juntos investigaron las profundidades del río Ramr y descubrieron muchas cosas que ninguna otra cosa verían jamás, pero esos momentos son solo suyos y carecen de importancia para la historia.
Empezaba a amanecer cuando Saphira sacó la cabeza por encima de la superficie del lago Isenstar. El viaje había sido largo, y los dos estaban tan cansados que en cuanto llegaron a la orilla ambos se quedaron dormidos. El último pensamiento de Eragon aquel día fue para aquella dragona de escamas de color azul zafiro.
Apenas habían pasado un par de horas cuando ambos despertaron completamente descansados. Saphira llevó a Eragon hacia los lugares donde habían pasado cuando viajaban por Brom. Faltaban apenas cinco días para el gran banquete, de manera que toda cosa viviente, animal o persona viajaba en esos momentos hacia la capital, así que Eragon y Saphira tuvieron que esquivar a varios grupos de humanos y elfos, querían privacidad. En alguno de aquellos grupos a Eragon le pareció distinguir la ahora calva cabeza de Horst y las primeras canas de Baldor, a Eragon le sorprendió reconocer casi todas las caras de Carvahall, no había ni una sola baja y lo que más le sorprendió era que todos vestían túnicas de gala y viajaban a caballos o en carros tirados por estos, definitivamente Roran había hecho un buen trabajo.
-          Era esto todo lo que querías ¿eh? ¿Solo recordar viejos tiempos? –preguntó el jinete cuando aquel juego del escondite le empezó a parecer aburrido-.
-          No, monta, aún tienes otra cuenta pendiente.
Eragon lo hizo, y esta vez si que sabía hacía donde se dirigían, pero no sentía tristeza sino decisión, era cierto aquella deuda se había aplazado demasiado. Ya era por la tarde cuando Saphira aterrizó en las afueras de un recinto cerrado, cercado por vallas. A Eragon le había parecido ver una especie de castillo en el lugar donde antes estaba su granja, aunque Carvahall había cambiado tanto, lo que antes eran casas humildes eran ahora grandes edificios en los que su techo se confundía con el cielo, que no estaba tan seguro de que fuese allí donde él se había criado.
La puerta del recinto estaba abierta, de manera que Eragon no tuvo problemas para entrar. Delante de él, un pequeño cementerio se extendía a sus pies. Eragon deambuló entre las tumbas de mármol y distinguió la de Bird y la de Quimby. Pero había una que destacaba por encima de todas, esta no era de mármol, sino de plata pura y en la lápida, grabados en letras de oro dos nombres guardaban el recuerdo de los difuntos: Garrow y Marian. Encima de la tumba, una gran escultura de dos personas abrazadas guardaba el descanso de los muertos, Eragon distinguió las facciones de sus tíos esculpidas en diamante. Aquella tumba era realmente una obra de arte y Eragon sabía que estaba echa para personas que valían mucho más que todo el material que habían empleado. Aun así no pudo evitar quedarse maravillado por la sepultura que habían erigido en el nombre de sus tíos, sin embargo estaba seguro de la que había sido de Brom era mucho más hermosa.
Eragon se arrodilló ante la tumba de sus tíos, él no creía en los dioses, pero sabía que sus tíos sí, de manera que rezó por sus almas a aquel que recogiese sus plegarias. Media hora más tarde, se levantó y salió por la puerta del cementerio, dedicándoles un último adiós.
-          ¿Quieres hacer algo más antes de marcharnos? -le preguntó la dragona. Eragon la miró con ternura y le respondió- Ya he hecho todo lo que tenía, ya he saldado mis viejas cuentas.
La dragona echó a volar de espaldas a las últimas luces granates del día, unas pequeñas nubes cerca del horizonte se teñían moradas con un cielo amarillo de fondo. Eragon  se quedó con aquella imagen fija en la cabeza y utilizando un trozo de papel que había encontrado tirado por el suelo, mezcló esa imagen del atardecer con la escultura de la tumba e hizo un faith. El resultado fue esplendido. La plata brillaba como el sol, y la sonrisa de Garrow creaba un lazo místico con la de Marian. Eragon volvió por última vez su cabeza hacia atrás antes de lanzarse de nuevo hacia Ilirea.

viernes, 20 de diciembre de 2013

9.3.

¡FELICES FIESTA A TODOS! Espero que sea para todos unas buenas (y merecidas) vacaciones y esperemos que sean un prospero año este 2014, a ver si tenemos ya el epílogo de una vez.

Cuando Saphira emergió, Eragon nadó hasta la orilla derecha y se puso a buscar su camisa, la encontró tirada cerca de una roca curiosamente lisa, Eragon se la puso y después se tumbó en la roca. La dragona llegó unos minutos después con la comida, había cazado dos pequeños ciervos, Eragon se preguntó dónde demonios los había encontrado. Pesé a que le costó mucho, pensó que ya que estaba muerto, sería un desperdicio, así que después de echarle una mirada de reproche a Saphira, se fue a por leña, ya que no quería comerse la comida cruda. A un par de metros, encontró un árbol seco y cortó varias de sus ramas con Brisingr, la hoja élfica de la espada arrancaba las ramas como si se tratase de hierba. Después de sus seres queridos, su espada era lo que más amaba en el mundo.
Cuando volvió junto a la dragona, tiró todas las ramas que había recolectado juntas y señalándolas gritó “¡Brisingr!”. De pronto todas las llamas prendieron en un brillante fuego azul, al igual que la hoja de su espada. Eragon apagó las llamas de la espada y después se las apañó como pudo para que la parte que le correspondía de uno de los ciervos se asase. Saphira engulló el primer ciervo y la otra parte del segundo antes de que la comida de Eragon estuviese lista y como seguía teniendo hambre tuvo que volver a irse a por otro. De manera que Eragon empezó a comer solo su ciervo. Cuando la dragona volvió, su boca de reptil traía otros dos ciervos y dijo:
-          Por si acaso.-después de ver que Eragon ya estaba comiendo añadió- Eh, no me has esperado.
Eragon no pudo contener una sonora carcajada ante la queja de la dragona. Después cuando vio que ella lo decía en serio se apresuró a disculparse. La comida transcurrió en silencio y cuando terminaron, para descargar la tensión, Eragon dijo:
-          Me ha encantado tu regalo –Saphira giró la cabeza hacia él y dijo- ¡Si aún no ha llegado lo mejor!
-          ¿Y qué es lo mejor?
-          Una sorpresa –respondió la dragona con un tono juguetón. Eragon tuvo que resignarse, ya que conocía a la dragona y sabía que no  iba a sonsacarle nada más. Justo cuando Eragon empezaba a quedarse dormido en la piedra, que ahora estaba caliente, Saphira añadió- Pero ahora que lo pienso, sería mucho más divertido, si pudieses aguantar bajo el agua.
Eragon estuvo un rato cavilando en ello y al final encontró la solución, crearía una burbuja de agua que e torno a su cabeza de manera que siempre estuviese llena de oxígeno. Miró a la dragona para comunicarle su descubrimiento, y descubrió que ella ya estaba inclinada hacia un lado invitándole a subir.
-          ¿Subes?-preguntó la dragona-.
 Llévame donde quieras, soy tuyo.

sábado, 23 de noviembre de 2013

Capitulo 9 parte 2

¡Tranquilos! No he muerto, sigo aquí, gracias a todos por preguntar eh! Esta bien, saldaré mi deuda de estas últimas semanas, creo que dos paginas y media serán suficientes, o al menos eso espero. Espero que os vaya bien a todos, hace poco compuse los últimos compases de la otra gran batalla del epílogo, espero acabarlo lo antes posible.

Os dejo aquí, la continuación del noveno capitulo despues de 4 semanas

Eragon aprendió a mover las piezas, a comerse las del contrario, que había una forma de guardar la partida para después poder analizarla sin utilizar la memoria ya que las casillas tenían un nombre cada una y que la partida acababa cuando el rey, que es la pieza más importante es atacado y no puede salvarse de la perdición,  a esto se le llamaba jaque mate. Después, ambos jugaron una partida en la que Jeod encontró el camino al jaque mate en cuatro escasas jugadas cuando la dama blanca de Jeod irrumpió en la casilla f7 protegida por el alfil blanco. Eragon se sintió humillado ante tal brutal demostración de poderío sobre el juego. Entonces Eragon escuchó una voz familiar en su cabeza:
-          Vaya tunda te han dado ¿eh? Bueno, si ya habéis acabado deberíais venir. Ah, por cierto, trae la silla.
Eragon comunicó a Jeod que Saphira los esperaba y ambos serpentearon por las calles de la ciudad hasta salir al lugar que Saphira les había indicado. La dragona estaba en una pequeña colina cerca de la arboleda que quedaba al oeste de Ilirea. Contemplando la ciudad desde lo alto de la colina, Eragon se quedó maravillado con lo que había cambiado la capital tras el paso del fantasma negro de Galbatorix y, por primera vez desde que empezó el reinado de Nasuada, pudo afirmar que había merecido la pena. “Ponme la silla. Date prisa, hoy tengo hambre” le dijo la dragona. “Eso mejor no se lo digo a Jeod, ¿no?” respondió Eragon con una risita.
Cuando Eragon terminó de ensillar a Saphira, esta le dijo el motivo por el que había pedido que llevase también a Jeod. De pronto, el jinete recordó su antiguo acuerdo con Jeod  y enseguida le dijo al rey termiano “Aún tengo una deuda pendiente contigo, viejo amigo, ¿recuerdas cuál es?” Inmediatamente, al anciano se le iluminaron los ojos en señal de que aún no había olvidado su viejo acuerdo y tras una rápida mirada inquisitoria a Saphira, a la que ella respondió “Monta Jeod, este es el sueño que tanto tiempo has deseado obtener. Monta y juntos surcaremos los prados azules del cielo.”, Jeod dio un gran desde el lugar desde donde estaba a la silla directamente. A Eragon este sorprendente movimiento lo dejó clavado en el suelo, Jeod había conseguido lo que no lograría en toda su vida, parecía que el anciano hubiese rejuvenecido sesenta años de golpe.
Saphira desplegó entonces las alas y de pronto echo a volar. Curiosamente Jeod no dio apenas un gritito de susto, como si ya lo estuviese esperando todo y cuando Saphira alcanzó una altura considerable, el anciano dio un grito de júbilo que fue secundado con el rugido de la dragona. Jeod miró entonces a Eragon, y este a pesar de la distancia que los separaba, gracias a su vista de elfo, pudo advertir en la mirada de su amigo satisfacción, alegría, alivio, pero sobre todo agradecimiento.
Eragon se quedó tumbado todo el rato que duró el vuelo en la hierba verde de la colina, observando las miles de cabriolas que hacía la dragona para asustar a Jeod, pero este estaba demasiado feliz como para dar cabida a otro sentimiento. Eragon vio a la dragona fundirse con el azul del cielo a la vez que sus brillantes escamas reflejaban una luz que lo teñía todo del color de sus escamas y confirmó una vez más lo que llevaba tanto tiempo pensando, no había otra cosa más hermosa.
Después, su mente vagó por los grandes prados de la memoria. Recordó sus primeros años, la gente de Carvahall, el tío Garrow y la tía Marian, todos ellos seguían presentes y eran tan reales como aquellos a los que aún podía ver. Poco a poco sin que él se diese cuenta el Eragon niño, paso al adolescente, recordó con gracia los raros cambios hormonales que su cuerpo le daba sin que el entendiese por qué, y después llego aquella noche en la que se encontró aquella gran piedra de color azul zafiro. Ella lo había cambiado todo, y todavía casi cuarenta años después, Eragon seguía sin entender por qué a él. Más recuerdos pasaron por su cabeza sin que el prestara demasiada atención, porque la misma pregunta seguía rondando en su cabeza: ¿Por qué él? Pero esta vez la pregunta no se dirigía al hecho de ser jinete sino porque se le daba la difícil elección de obtener o no lo que era suyo y todo se sabría en la próxima luna llena, era muy poco tiempo.
Al final, Saphira terminó aterrizando un par de metros más allá de dónde él se había tumbado. Jeod desmontó muy despacio, Eragon no supo si lo hacía ya por su avanzada edad o sencillamente porque no quería que aquel momento mágico acabase. Cuando el anciano volvió a mirarlo, Eragon pudo ver que los ojos del viejo reflejaban la luz del sol, interminables filas de lágrimas peleaban  por dejarse caer primero por las mejillas del anciano, pero ninguna parecía ser la gran vencedora. Eragon  iba a decir algo, pero Jeod fue más rápido:
-          Eragon, tú no sabes lo que me has dado hoy, pero yo sí. Me has dado el sueño de toda una vida, me has hecho creer que todo lo que he hecho en este mundo ha valido para algo. Gracias.
Esta vez Jeod ya no pudo aguantar más y rompió a llorar. Eragon intentó decir algo de nuevo, pero esta vez fue la dragona la que le impidió hacerlo:
-          Jeod –llamó. El anciano no tardó más de medio segundo en darse la vuelta hacia la dragona- Cuando estés en tu lecho de muerte y empieces  a agonizar. Llámame, simplemente di mi nombre, te escucharé alá donde estés. Y aunque no evitaré tu final, haré que tus últimas horas sean las mejores. Tendrás uno de los privilegios que muy pocos, incluso los jinetes, tienen. Si me llamas, morirás sobre mi lomo, con el viento a tus espaldas y con el único límite del cielo. Hasta entonces.
-          Gr…Gra… Gracias.
Jeod se fue andando de nuevo a la ciudad con la promesa de un nuevo vuelo en el lomo de Saphira, que lo hacía explotar de alegría. Cuando desapareció de la vista de Eragon y Saphira, este calculó más o menos cuatro metros desde donde estaba la dragona e intentó repetir el salto de Jeod. En el momento en el que despegó los pies del suelo, supo que algo no iba bien, a pesar de que había saltado con todas sus fuerzas, terminó golpeándose en la nariz con la pata de la dragona. Y después cayó con el culo en el suelo y tuvo la sensación de haberse golpeado con un martillo.
Después, cuándo analizó detenidamente lo que había hecho, no pudo contener una carcajada por la gran estupidez que había hecho. Saphira, que al principio se había preocupado por lo que le podía haber pasado, también empezó a reír sin parar. Eragon riéndose aún, ascendió por la pata de la dragona y se sentó en la silla. La dragona alzó el vuelo, no sin dificultad, ya que riéndose, todo es más difícil. Saphira se elevó hasta el punto de que si alguien la miraba desde el suelo creería que apenas miraba un águila. Lentamente, se dirigieron al oeste, Eragon no sabía exactamente lo que Saphira se proponía pero por lo que la dragona le había dicho el día anterior y por la dirección que había tomado se hacía una ligera idea.
Volaron hasta que el sol se asentó vigilante en lo alto del cielo, ambos notaban ese sentimiento que les unía tan fuerte como hacía mucho tiempo que no lo sentían. Salir de Alagaësia no había sido un error, lo había sido permanecer fuera de ella durante tanto tiempo, Eragon casi había olvidado lo que le ataba a aquella tierra que había sido su mundo, el olor de la tierra, el verde del campo y el susurro del viento en el oído, todas aquellas cosas que hacían que la vida tuviese sentido. Mientras que la de Eragon se había vuelto gris y fría, poco a poco, gracias a su retorno volvía tornarse de muchos colores y repleta de alegría. Por primera vez sentía lo que le había dado a Alagaësia, sintió, que había liberado al mundo de un gran tirano y que todas las vidas que se había llevado habían muerto por una buena causa.
Sin que él se diese cuenta, Saphira empezó a descender lentamente hacia el suelo. Pequeñas gotas de agua se adherían  a la ropa de Eragon mientras atravesaban aquel mar de nubes blancas, al estar tan frías Eragon tuvo que volver a la realidad para crear un hechizo protector para que no se mojara tanto y entonces fue cuando vio lo que Saphira le tenía reservado aquella mañana. Unos trescientos metros por debajo de ellos, las dos orillas del río Ramr se extendían a sus pies. Saphira cada vez descendía más deprisa y cuando Eragon comprendió que no iban a hacer un pequeño descanso en tierra, apenas tuvo tiempo de quitarse la camisa y lanzarla hacia cualquier sitio y coger aires antes de que los dos se zambullesen en el río.
El impacto fue tan brutal, que Eragon no pudo evitar cerrar los ojos. Sintió como si se estrellase contra una pared de piedra y se rompiese en un montón de trozos, pero como tenía Saphira cerca tampoco le importo demasiado. Inmediatamente sintió como el agua le empapaba todas las partes del cuerpo y todo sonido se desvanecía. Saphira seguía descendiendo y cuando Eragon consiguió abrir los ojos, lo que vio le sorprendió. Inacabables masas de agua hasta donde le alcanzaba la vista y grandísimas cantidades de peces, que se apartaban a su paso, los miraban extrañados, como si ellos no perteneciesen a ese lugar. Eragon descubrió que ahora también tenía mayor capacidad pulmonar gracias desde la celebración del Juramento de Sangre que antes, pero ya le empezaba a faltar el aire y se lo tuvo que decir a Saphira. La dragona asintió y se dirigió a la superficie.

domingo, 20 de octubre de 2013

9º capitulo

Digamos, que este es mi propio toque a la novela por decirlo así, siguiendo los pasos de Ruiz-Zafón que es incapaz de no meter una partida de ajedrez en cada una de sus novelas, como voy a ser yo aquel que no lo haga ¿no?

9 Viejas cuentas pendientes.
Eragon se despertó jadeando, la camisa se le había pegado al pecho y un viento frío que provenía del oeste le hacía tiritar de frío. El sol aún no había salido por el horizonte, pero los primeros rayos de la mañana se adivinaban por el ligero toque granate que empezaban a adquirir los cielos del este.
El jinete recordó las últimas palabras que Saphira le había dicho el día anterior y fue a buscar a Jeod en el palacio de Nasuada. Le encontró en uno de los jardines de este, jugando con un joven  soldado a un juego que el desconocía pero advirtió que el tablero de juego se dividía en sesenta y cuatro  casillas blancas y negras que se sucedían entre ellas de manera que cada casilla blanca tenía cuatro negras a su alrededor y cada negra cuatro blancas. Eragon se quedó observando a los dos jugadores durante mucho tiempo, ambos estaban concentrados en el juego que ninguno parecía advertir su presencia, así que se los quedó observando intentando descifrar los enigmas del juego. Advirtió que había dieciséis piezas de cada color, blancas y negras, y que de esas dieciséis ocho eran iguales, además había otras seis que eran iguales dos a dos, dejando dos parecidas pero no iguales en el centro de la fila más cercana de cada jugador, y que cada una de ellas tenía una forma especial de moverse.
Finalmente, cuando muchas piezas se quedaron fuera del tablero a Jeod se le iluminó la cara y moviendo una pieza que imitaba la forma de un caballo dijo “Bueno, esto es jaque mate” Fue entonces cuando este se percató de la presencia del jinete y después de dar las gracias al soldado y haberle pedido que regresara a su puesto se dirigió a él.
-          ¿Sabes jugar?-dijo señalando al tablero. Eragon negó con la cabeza. Jeod añadió haciendo un ademán invitándole a sentarse con él en el banco: ¿Tienes tiempo?

Eragon dirigió su mirada de nuevo hacia el horizonte y pensó que tenía tiempo suficiente hasta que Saphira los reclamase así que sonriendo a Jeod  se sentó con él y este le enseño a jugar.

domingo, 13 de octubre de 2013

Ultima parte del octavo capítulo

En serio que gusto da ver las 75 visitas del miércoles pasado y que no bajan de 20 diarias. bueno tratare de no romper la buena racha hablando de ello. Me limitare a continuar con el epílogo, asi que aqui os dejo la ultima parte del octavo capítulo, el finde que viene: 9 Viejas cuentas pendientes, aunque podia ser una parte de este capitulo que acabamos.

-          Si te lo dijese, no sería una sorpresa, ¿no? Pero te daré una pista, tienes que traer a Jeod, aún tienes una vieja cuenta pendiente con él.
Por primera vez desde que empezó la conversación, prestó algo de atención, pero cuando Saphira se negó a darle una nueva pista, se resignó a hacer lo único que podía en aquel momento, echarse a dormir. Ya queno tenía sueño, empezó a darle vueltas a la sensación que le había abordado cuando miró por primera vez a sus antiguos compañeros. Aunque pensó que estaba preparado, le resultó tremendamente extraño ver que mientras que Arya, Garhvog, Orik y Ángela conservaban prácticamente iguales sus rostros, largas cabelleras de colores de plata y nieve cubrían los rostros de Roran, Nasuada, Jeod, Orrin y Elva. En cambio lo que más le sorprendía y lo que no le había abandonado era la misteriosa resurrección de Brom. No es que tuviese un mal presentimiento sobre ello, ni que no le gustase que su padre hubiese recuperado la vida, pero todas las leyes mágicas decían que no se podía devolver la vida a los muertos.
Finalmente, tras convencerse de que no iba a sacar nada en claro él solo, abandonó ese pensamiento y otro lo abordó de nuevo. Asegurándose de que Saphira estaba profundamente dormida, abrió la bolsa y puso el regalo que el dragón multicolor le había dado en el suelo. El objeto estaba frío y duro, pero era hermoso y las palabras del dragón se introdujeron de nuevo en su mente: “Aquí te entrego Eragon, Asesino de Sombra el objeto más preciado de nuestra raza. Ya eres poderoso, pero con él serás invencible. Sin embargo, para obtenerlo debes renunciar a todo ¿entiendes?” Entonces el dragón deslizo la mirada hacia una de las partes de su cuerpo, Eragon no necesitaba levantar la vista para saber que estaba saber que estaba mirando el dragón. “Espero tu respuesta la próxima luna llena, ten en cuenta lo que puedes ganar y perder. Espero tu respuesta.” Después el dragón se deshizo en los cerca de cuarenta dragones de diferentes colores que lo habían formado. Lentamente guardo de nuevo el poderoso objeto en la bolsa con cuidado, aunque estaba seguro de que no iba a romperse fácilmente. Al final, utilizando los ejercicios de relajación que Oromis le había enseñado, consiguió dormirse con el doloroso recuerdo de aquellos dos jóvenes jinetes besándose.

Durante la noche Eragon soñó con  Arya. Se veía a él mismo entre la niebla, persiguiendo la lejana silueta de la elfa. Él la llamaba, pero esta no le respondía y seguía caminando. Cuanto más avanzaban más espesa se hacía la niebla y más le costaba seguirla hasta que finalmente la perdió. Entonces el gritó su nombre pero ella no acudió, cuando, de pronto, entre la niebla, unos grandes ojos amarillos le indicaron que los siguiera. A Eragon, aquellos ojos no le caían demasiado bien, pero sentía que podía descubrir algo importante. Finalmente, los ojos le guiaron ante una escena en la que Eragon no pudo hacer otra cosa que echarse a llorar. En medio de la niebla, dos figuras se besaban, una era Arya y la otra Eragon supuso que era Faölin. Entonces los ojos descubrían un cuerpo completo, un lobo que saltaba y le devoraba las entrañas ante sus gritos.

sábado, 5 de octubre de 2013

Octava capítulo Cuarta parte

Hoy tengo pocas cosas que contar, así que me limitare tan solo a dejaros el fragmento semanal.

Cuando acabo de hablar, Eragon volvió a dejar vagar su mirada en el infinito. Era la primera vez que daba un consejo de tales magnitudes, y sin embargo no se sentía extrañado ni preocupado, sabía que había hecho lo correcto, y aunque Orrin ahora pensase que le había destrozado, pronto entendería que había hecho lo mejor para él. “He cambiado tanto, antes me costaba mucho hablar con alguien sobre algo medianamente serio y ahora voy yendo por ahí dando consejos sobre la vida y la muerte” pensó el jinete mientras se reía para sus adentros. Permaneció un tiempo  sentado junto al anciano rey surdano, nunca supo cuánto tiempo fue a ciencia cierta, solo que, cuando lo consideró oportuno se despidió del rey y fue al encuentro de la dragona. Pero cuando apenas le quedaban un par de pasos para salir del jardín escuchó una voz a sus espaldas:
-          Eragon…Gracias, de ahora en adelante estoy en deuda contigo. Nuestras viejas diferencias quedan para mí enterradas con lo que me has dicho hoy. Gracias.
Y entonces el rey se levantó y se fue a su habitación. Eragon llegó de nuevo junto a Saphira que le preguntó por lo que había ocurrido y él se lo contó todo. Luego, sobrevolaron  Ilirea hasta aterrizar  de nuevo en la gran plaza. Allí estaban la mayoría de los jinetes y dragones, entre ellos Murtagh y Espina que parecían profundamente dormidos. Eragon encontró un hueco cerca de ellos y él y Saphira se instalaron lo mejor que pudieron. A lo lejos, este, advirtió a dos jóvenes jinetes sentados en un pequeño banco de piedra, y de pronto ambos se fundieron en un largo beso. Eragon no pudo reprimir un rápido gemido de dolor, mientras que un puñal invisible le atravesaba el corazón, esto a Saphira no se le pasó por alto. Para aligerar su carga intento consolarlo:
-          Todo ha cambiado desde entonces, ahora tienes una nueva oportunidad.-dijo la dragona-.
-          En eso te equivocas, yo he cambiado, pero ella no lo sabemos. ¿A lo mejor lo ha hecho, pero para peor? –este último comentario en el que Eragon no había pensado realmente en serio, lo asaltó con una fuerza que bien estuvo a punto de derrumbarlo. Saphira viendo que la conversación no iba por donde ella pretendía, cambió radicalmente de tema y dijo- Te tengo preparada una sorpresa para mañana.
Eragon que solo prestaba atención a sus propios pensamientos, tardó un rato en responder y cuando lo hizo, fue sin ganas.

-          ¿Cuál?

sábado, 28 de septiembre de 2013

Octavo capítulo tercer parte

Siento que este capítulo este siendo tan filosófico, pero no puedo hacer que el pobre Orrin se mueva demasiado. Eso sí, os prometo que el siguiente, será más movidito e interesante. respecto al epílogo global, como ya os dije, está establecido en el período de una semana, pues ya podría decirse que estoy en las primeras horas del domingo, todavía de noche eso sí, concretamente en el capítulo 17, el más importante para Arya y en el cuál es la absoluta e indiscutible protagonista. 
Quería comentar que dependiendo del epílogo (como probablemente ya habréis notado), el caracter principal va rotando dependiendo del capítulo, aunque casi siempre entre Arya y Eragon, exceptuando el 7 que es Roran como ya habréis podido advertir, y uno que pienso hacer en el cuál será Murtagh. Solo eso.

Así pues os dejo la continuación al fragmento de la semana pasada.

-          ¿Crees en los dioses?
-          ¿En cuáles de ellos?
-          En cualquiera.
-          No sé, no creo que tales dioses existan y permitan tanto sufrimiento aquí abajo, pero es raro pensar que no hay nadie rigiendo el mundo.
-          Piénsalo así,  los elfos  lo hacen, y yo en el tiempo que he estado fuera, he aprendido a hacerlo también: ¿Por qué es necesario que haya alguien allí arriba? –dijo mientras señalaba el cielo- ¿Por qué tiene que haber alguien que domine por encima de todos? Mientras que si realmente no hay nadie, todos somos dueños de nosotros mismos y no simples peones en el tablero de los dioses. –hizo una pausa para recapacitar sobre si debía realmente responder a la pregunta de Orrin y finalmente dijo- Puedes pensar así hasta que llegué el momento, pero cuando este llegué, crearas un dios para sobrellevar la carga, pero eso no te ocurrirá solo a ti, sino a todos, todo el mundo cuando mira a la Muerte a los ojos crea un ser superior para esquivar la evidencia de que realmente se acerca el final. No, rey Orrin, no hay un más allá, cuando nuestro cuerpo muere, todo se acaba, aunque la vida continúe en otro lugar. Cuando uno muere entra en algo llamado vacío, solo, incluso el vínculo que une a un jinete con su dragón se rompe cuando uno de los dos entra en el vacío. Nadie nos acompaña cuando entramos allí. Eso me dijo uno de mis mentores hace ya muchos años, desde entonces he tenido tiempo de reflexionar sobre eso, porque nadie es realmente inmortal,  la inmortalidad es muy larga y es imposible sortear todos los obstáculos que te va poniendo, puedes esquivar muchos pero finalmente alguno te hará tropezar.
     “No Orrin, no hay un más allá y precisamente por eso, porque no hay nada    después, es por lo que debemos aprovechar cada segundo que pasamos aquí”


Espero vuestro comentarios, tanto positivos como negativos a estas últimas entradas, también aprovecho para recordar, que lo escrito no es inamovible, y que puede cambiarse, cosa que pienso hacer cuando acabe el epílogo antes de colgarlo en su totalidad

sábado, 21 de septiembre de 2013

Octavo capítulo segunda parte

Me alegra ver que las entradas en el blog se han resarcido un poco  tras unos meses un poco bajos en cuanto a ellas se refiere. Bien yo tratare de darlo a conocer lo máximo posible, para que más gente pueda entrar en nuestro pequeño mundillo. Poco más que decir, tan solo desearos que disfrutéis con el fragmento de esta semana.

Hablaba Eragon, para el que no se acuerde:

-          La gente olvida deprisa, y aunque tus logros perduraran en la memoria de tus vasallos y en la de muchos de sus descendientes, llegará el momento, en el que sí, os olvidaran y pasareis a ser un interrogante en la historia. Pero eso nos llegará a todos, a Nasuada, a Roran –el rey chasqueó la lengua, demostrando que seguía sin llevarse bien con su primo- incluso a mí, nada dura para siempre, ni siquiera las estrellas, todos pasaremos a ser tan solo un nombre más a recordar en esos libros de historia, pero nunca nadie volverá a recordar nuestro sacrificio. A algunos la estancia en este mundo les dura más que a otros, pero nadie es capaz de ganar al tiempo, todos somos hormigas ante él. Lo que realmente importa es lo que decidimos hacer con el tiempo que se nos da aquí. Probablemente, si no hubiese sido tú uno de los que derrotaron a Galbatorix, hubiese sido otro, sin embargo fuiste tú y debes de estar orgulloso por ello. No malgastes tu tiempo pensando en esas cosas, porque antes de que la gente te olvide, tú serás polvo y ceniza al viento y entonces poco te importará ya, ¿no? –Eragon hizo una pausa en la que volvió a mirar a los ojos al viejo rey y después añadió- Sin embargo hay algo que te aflige aún más, ¿no es así? Realmente no te importa lo que pase después de la muerte aquí, sino lo que te pasará a ti durante ella y si realmente hay un más allá. ¿Verdad?
El rey le miró esta vez con verdadero asombro y de pronto comenzó a derramar cascadas de lágrimas a través de sus arrugadas mejillas. Estuvo un tiempo así hasta que de pronto estallo en una pequeña risa y dijo entre sollozos:
-          ¿No es curioso que sean los jóvenes los que dan consejos a los ancianos? –y después continuó mucho más calmado clavando su vista en el lejano horizonte- Has cambiado Eragon, ya no eres ese joven alocado que perseguía a los Ra’zac y que perseguía a sus maestros como un perrito faldero. Ahora piensas por ti mismo y ahora son los demás los que te persiguen pidiendo consejos. Eragon, tengo setenta años, no me queda mucho, tú eres ahora el más sabio y el que más cerca esta de la inmortalidad, dime, ¿realmente hay un más allá?

Eragon reflexionó sobre esa pregunta mucho tiempo, pensando en lo que debía de contarle a Orrin sin llegar a romper las reglas de la naturaleza, pues el miedo a la muerte es algo que pertenece a toda cosa viva y por tanto, quitarle a Orrin la única esperanza que le quedaba, podía trastornarle mucho, de modo que dio un rodeo:

Sigo escribiendo....