domingo, 20 de enero de 2013

4º capitulo Dragón ¿y jinete?

Un título extraño y sugerente... Como ya dije la semana anterior este es uno de los capítulos más emocionantes del epilogo y probablemente el más arriesgado. Si es posible me gustáría que me dijeseis si me he tirado muchos triples o no, pero bueno para eso primero hay que leer, las primeras líneas del 4º capítulo:


Era ya de noche cuando Eragon divisó Vroengard, y agradeció advertir que aún quedaban algunas luces encendidas, pero que se iban apagando rápidamente. Cuando llegó a la muralla exterior apenas una docena de luces seguían encendidas, pronto partirían, entonces Eragon aceleró aún más el paso, las calles se sucedían sin orden y Eragon no sabía en que dirección iba, simplemente se guiaba por el instinto de llegar hasta donde estaba Saphira. Por fin llegó a la muralla exterior, donde los principales edificios se alzaban: La escuela, el pabellón donde se reunían y los dos castillos de Eragon y Saphira y Murtagh y Espina. En medio de todos los edificios una gran plaza, en medio de la plaza una fuente que representaba un dragón escupiendo agua. Izquierda, izquierda otra vez, derecha y después todo recto. Eragon  llegó por fin a la plaza, pero llegó tarde. Él alzó la vista hacia el cielo, como era de noche, incluso con su vista de elfo le costó distinguirlos: unos cincuenta dragones volaban en dirección noroeste hacia Ilirea, a la cabeza un dragón rojo con su jinete con otro azul sin el suyo.

A pesar de que estaban demasiado lejos, Eragon no se rindió, y con el tono más alto y fuerte que pudo encontrar, lanzó su grito mental contra todo lo que le rodeaba: ¡¡¡Saphira!!! El efecto fue gigantesco toda forma viviente giró la cabeza hacia Eragon, la fuerza con la que había gritado habría sido capaz de derruir un castillo entero. Todos los dragones y jinetes volvieron la cabeza, todos menos uno, el inmenso dragón azul no se inmuto y siguió volando hacia delante, lo que hizo que también lo siguiesen los demás. Entonces, Eragon desesperado, hizo lo último que podía, intentó recordar todas las palabras de un hechizo que había aprendido en uno de los libros de la biblioteca de Galbatorix, era tremendamente complicado y se había realizado muy pocas veces y de esas pocas veces solo una persona había sobrevivido ya que requería mucha energía. Sabiendo que esta vez no podría contar con las enormes de Saphira, Eragon contactó entonces con sus dos únicos aliados reales en aquel momento Brisingr y Aren. La cantidad de energía que había en esos objetos era mayor de la que podían contener un centenar de magos poderosos, pero sabía que quedaría completamente extinguida la de los objetos y probablemente la suya. Aun así no se echó atrás, pues era la única manera de llamar la atención de la dragona y para él la vida no merecía la pena sin ella. Entonces, Eragon pronunció rápidamente las palabras del hechizo “Naina du hvitrun né hvirt allör” “Crea un rayo de luz azul” En cuanto Eragon terminó la palabra allör un enorme rayo de luz azul brotó de la palma de su mano, la noche despareció y todo se tintó de un color azul igual al del color de las escamas de Saphira. Conforme el rayo de luz crecía hacia arriba, más rápidamente se consumían las fuerzas de Brisingr y Aren, y finalmente él también tuvo que aportar algo de su energía. El hechizo consistía en crear un rayo de luz que poseía el mismo brillo que los del sol y tenía la peculiaridad de que el rayo de luz podía ser del color que eligiese el mago. Además, el hechizo era tremendamente destructivo, si el rayo llegase a tocar un árbol podría desintegrarlo al instante. Pero Eragon calculó mal al lanzar el hechizo y en vez de que el rayo quedase justo delante de Saphira, le acertó directamente en el estómago. La dragona dio un rugido de dolor e inmediatamente se apartó del rayo, cuándo identificó el culpable de lo que le había causado tanto dolor y le había disminuido tanto su energía mediante los escudos, sin los cuales no habría sobrevivido al ataque, se lanzó hacia el suelo a despedazar a su oponente.

Por cierto el primer día del año fue el que más visitas tuvo de este mismo con 56, GRACIAS A TODOS porque ayer se llegaron a las 7000 VISITAS.

Hasta la semana q viene.


sábado, 12 de enero de 2013

3er capitulo nº3

¡¡¡FELIZ AÑO!!! Esperemos que sea un buen año para todos, cada cual por el lado que lo necesite, espero que hayais pasado una felices navidades todos, por desgracia para todos ya se han acabado y hay que volver a trabajar (aquellos que por suerte puedan).

Decir, que mi periodo de ausencia se debe a que durante las Navidades me he trasladado para pasarlas con la familia, y eso me ha privado de internet, hubiese colgado un nuevo trozo durante esta semana, pero para hacerlo deprisa y corriendo... prefiero hacerlo en fin de semana. Y dicho esto volvemos a lo que todos nos interesa, el epílogo.

Ya que no he colgado nada en dos semanas este trozo va a ser más largo que los demás, que lo disfruteis:


Saphira estuvo un par de minutos escogiendo las palabras necesarias para convencer a Eragon, consciente de que serían las palabras con las que podía recuperar o perder por completo a su jinete, cuando estuvo completamente segura dijo:

-          Un dragón no conoce cárceles que puedan contenerlo, un dragón es libre de volar cuando y por donde quiera. Tú me ataste las alas al nacer, Eragon, me obligaste a ir adonde tu vayas y siempre lo hecho con gusto, pues esa cadena fue de amor y no de esclavitud. Has sido y serás siempre mi compañero, pero el momento ha llegado, he encontrado la llave que me libera, yo he tomado mi decisión, mi destino no es el tuyo, volveré a Alagaësia. Sobre ti recae la carga de cerrar de nuevo la cadena que nos una, pero para ello debes de encontrar la llave que te libere a ti primero. No voy a esperarte esta vez Eragon, un dragón que echa a volar nunca vuelve. He decidido volver, criaré mis huevos cuando prendan, no los  voy a abandonar, ambos sabemos lo duro que es ser huérfano, no obligues a mis hijos a sufrir lo mismo. Rompe la cadena que te ata aquí y montaras encima de mi grupa de nuevo como jinete y yo como dragón, de lo contrario nuestros caminos se separan aquí y nunca se volverán a unir. El lazo que nos une es fuerte, y no me será fácil romperlo, pero no dudes que lo conseguiré. En cinco días partiré a Ilirea, estés tú sobre mi lomo o no. Adiós.

En cuanto acabo de decir eso Saphira izó el vuelo y se alejó hacia el sur, su conciencia se fue haciendo cada vez más pequeña hasta que al final era tan difícil localizarla como encontrar una aguja en un pajar. Entonces recibió un último mensaje: “Espero tu respuesta, estoy en los montículos que encontramos a las dos semanas de nuestra llegada. Cuando hayas decidido, ven solo, no intentes persuadirme, no lo conseguirás. Si en cinco días no has venido interpretaré que tu respuesta es un no, partiré a Ilirea sola y no volveremos a vernos”. Entonces se escapó por completo del campo de visión de Eragon.

Esos días Eragon sufrió mucho, las palabras de Saphira le habían marcado muy hondo, se encerró en su estudio a pensar sobre su decisión, aunque sabía cual sería. Ni siquiera los gritos de Murtagh al otro lado de la puerta le hicieron salir de su trance. El cuarto día tomo su decisión: no volvería. En el momento en el que estuvo seguro fue incapaz de controlar su cólera y su agonía y empezó a destrozar todo lo que quedaba a su alcance, bien con magia, a espada o con sus propias manos, no quería perderla, pero no podía hacer otra cosa.

El quinto día le explicó la situación a Murtagh e hizo que les explicase a los jinetes su decisión y les pidió que siguiesen a Saphira. Entonces partió hacia el montículo donde Saphira le había señalado que estaba con la intención de despedirse de ella. Un par de horas antes del anochecer, la encontró tumbada cerca de una roca. Eragon observó el paisaje y se dio cuenta de que era hermoso: extensas praderas se alargaban hasta donde alcanzaba la vista, unas montañas azules se distinguían en la distancia, cubiertas de nieve en los picos, al oeste un bosque caducifolio perdía las últimas hojas antes de la llegada del invierno y al este una pequeña manada de antílopes comía plácidamente, todo parecía estar en una armoniosa alegría, lo que hizo que Eragon se sintiese aún más triste sabiendo lo que iba a perder. Él se acercó a Saphira, no le hizo falta decir nada:

-          ¿Encontraste la llave?

-          No, mi sitio esta aquí, no voy a volver.

-          Adiós, Eragon.

-          Todos volverán contigo.

-          ¿Y por qué no tú?

-          Es mi destino.

-          Mi opinión es que los destinos los forja el que quiere, y mi destino no es el tuyo. Adiós.

Extendió las alas y se dispuso a volar, pero en el último instante se volvió hacia Eragon, él corrió hacia la dragona pero ella grito “¡No!” él se detuvo en seco. “Aquí tienes mi último regalo, mi jinete” Una lagrima brotó del ojo de la dragona, azul y brillante. Eragon se sorprendió nunca había visto a ningún dragón llorar así que intuyó que esa lágrima tenía algo de mágica. Mientras caía la lágrima se dividió en tres y a su vez en dos. Entonces Saphira abrió las alas y comenzó a volar. Eragon la vio alejarse, cada vez más y más consciente de que no volvería a verla, nunca más.

Se volvió, las seis lágrimas habían dejado un rastro de tierra mojada. “¿Un último regalo?” De súbito de la tierra mojada brotaron seis plantas de diversos colores, dos azules, dos rojas y dos verdes, pero entre las dos que eran de los mismos colores, una de ellas brillaba y la otra nota, de todas, la más brillante era la azul: Todas crecían rápidamente hacia arriba, y cuando los tallos apenas habían crecido un pie de alto, las dos azules se unieron formando una sola planta brillante que aun así tenia dos partes una mucho más brillante que la otra, y de pronto Eragon lo comprendió, era la historia de Saphira: la azul brillante era ella, la oscura era el propio Eragon, las rojas eran Espina y Murtagh y las verdes Firnen y Arya. Las plantas siguieron creciendo, ahora eran solo cinco, y rápidamente la verde sin brillo se acercó hacia la azul pero no llegó a unirse sino que cuando quedaban un par de centímetros siguió creciendo hacia arriba en paralelo con la azul. Una imagen cruzó la mente de Eragon: Arya en una oscura celda mirándolo.  De las dos rojas, que habían permanecido al margen hasta ahora la tenue se acercó a la azul y, a la vez que la verde se entrelazó a la única azul, pero no llegaron a unirse y continuaron creciendo. Murtagh y él iban a caballo, mientras Saphira se adelantaba con Arya volando. Cuando las tres plantas estuvieron a la altura de la cintura de Eragon la roja se separó de ellos y volvió a acercarse a una velocidad estrepitosa hacia la roja brillante, hasta que se unió a ella. Eragon se vio a si mismo criptoviendo a Murtagh, pero en vez de verle, lo único que encontró fue una gran oscuridad.  En ese momento, las dos azules se separaron un poco y la tenue se acercó más a la verde. Arya y Eragon se miraban y él de pronto se puso rojo, aquella fue la primera vez que tuvo esa sensación. Los dos tallos tenues se acercaron cada vez más y más, y cuando iban a juntarse, rebotaron y salieron cada uno hacia su lado. Una conversación volvió a su memoria:

-          Que altos son los árboles, cómo brillan las estrellas… y qué hermosa estás, oh Arya Svit-kona

-          Eragon…

-          Arya, haré lo que sea para obtener tu mano. Te seguiría a los confines de la tierra. Construiría un palacio para ti con mis manos desnudas. Haría…

-          ¿Quieres dejar de perseguirme? ¿Me lo puedes prometer? Eragon, esto no puede ser. Tú eres joven y yo soy vieja, y eso no va a cambiar nunca.

El tallo azul volvió a unirse al brillante y el verde se alejó, entonces la planta roja se precipito hacia ellos y cuatro veces rebotaron, pero en las tres últimas, la azul había vuelto a recibir la ayuda  de la verde tenue. Murtagh y él montados en Espina y Saphira combatían sin piedad en lo alto de distintos cielos. Cuando parecían que nunca podrían volver a juntarse todas se entrelazaron: la azul, la roja y la verde tenue dejando sola la verde brillante. Shruikan atravesado por la dauthdaert y Galbatorix por Brisingr y después una gran explosión. Todas se separaron de pronto Murtagh y Espina se alejaban volando mientras Eragon y Saphira los miraban a las orillas del río Ramr y por primera vez las dos verdes corrieron a unirse dejando así tres grandes plantas que llegaban a Eragon por la altura del hombro. De nuevo, la verde y la azul volvieron a entrelazarse, pero esta vez se distinguían claramente las tenues y las brillantes, las brillantes se unieron; las tenues, volvieron a rebotar “Quédate conmigo hasta la primera vuelta del río” “Adiós Eragon, Asesino de Sombra”  y aunque de nuevo se separaron, las brillantes tenían un color distinto al de antes, como si cada una hubiese metido algo de si misma en la otra. Más tarde, la azul y la roja volvieron a entrelazarse, cuando las plantas ya llegaban a Eragon varios palmos por encima de la cabeza. Una fría mañana de invierno, trece años más tarde de la muerte del rey, Eragon se encontraba adiestrando un jinete humano y otro enano y Saphira con sus respectivos dragones, entonces escuchó un rugido, rápidamente Saphira y él se encontraron y aguardaron juntos, lo que veían no podía ser cierto, Murtagh y Espina habían vuelto. Finalmente,  la roja, la verde y la azul brillante volvieron a correr para juntarse dejando a la azul tenue sola “Aquí tienes, mi último regalo” y entonces Saphira se alejó volando hacia Vroengard.  Eragon sin poder contenerse más lloró y grito de agonía, quería romper, desgarrar, matar, quería volver con ellos, pero ¿Qué era lo que se lo impedía?¿Por qué no iba a poder volver? Y cuando esta pregunta le pasó por la cabeza las azules, se acercaron un milímetro, nada perceptible para el ojo humano, pero sí para el de un elfo, Eragon se acercó, pensó que lo que había visto era producto de su imaginación, pero no era así, cuanto mas se acercaba más se cercioraba de que lo que había visto era real. Las plantas dejaron de crecer, ahora medían el doble que Eragon y entonces una voz profunda le dijo a Eragon “Forja tu destino” Y Eragon lo forjó, retornaría a Alagaësia. Entonces echo a correr colina abajo, ¡aun podía alcanzarles! Aunque él no se dio cuenta un extraño suceso ocurrió detrás de él, A sus espaldas, las dos plantas azules volvieron a juntarse.
Eragon corrió y corrió como no había corrido nunca, movido por el instinto de recuperar su antigua vida, la que el tanto deseaba y que desde hace tanto tiempo él mismo se la había negado. Notó de repente un picor en una mano, nunca recordó exactamente cual, Eragon por fin había abierto los ojos y había descubierto que la venda que se los tapaba no era otra que su estupidez, y eso era lo único que le importaba. Había adquirido mucha sabiduría, en los últimos años, pero seguía siendo el mismo joven tonto y alocado que abandonó su aldea para vengar la muerte de su tío. Corrió y corrió a través de la hierba, riendo, cantando y gritando a todo el que estuviese cerca, aunque sabía que no había nadie más que los árboles.

Ya dije que era largo, con esto pongo final al tercer capítulo, la semana que viene (si puedo que no lo sé) comenzaré con el 4º capítulo en mi opinión uno de los más emocionantes.

lunes, 24 de diciembre de 2012

3er capitulo nº2/ Portada del epílogo

Antes de nada quería aclarar que el sábado no publiqué nada porque como prometí que subiría la portada hoy o mañana pues decidí hacerlo todo junto. Deciros que estos días me han servido para darle un buen empujón de siete páginas al epílogo, a costa de alguna que otra regañina de mi madre, pero bueno...

Empezemos primero por el epílogo, creo que lo dejamos casi al principio del tercer capítulo, bien aquí continua la conversación entre Saphira y Eragon:


Llegado a ese punto de la conversación, Eragon ya no pudo cerrar su mente a Saphira y la abrió por completo a la de la dragona, pero se encontró con sorpresa de que ella no entraba, se encerraba en si misma y se negaba a leerle el pensamiento. Y esta vez dijo con una voz más suave y cariñosa:

-          Dímelo, ¿cuál es el verdadero motivo?

-          Soy demasiado poderoso, no quiero convertirme en Galbatorix.

-          Has ganado poder estos últimos años, mucho poder, muy probablemente seas la persona mas poderosa que hay en el mundo. Pero nuestro poder, porque yo te seguiré siempre, no es nada comparado contra el de todos los eldunaris, jinetes y magos unidos, por más que quisieras nunca te convertirías en Galbatorix. En última estancia seríamos capaz de matar uno, tal vez dos de los jinetes, pero no más.

-          Una muerte ya sería suficiente

-          Eso es cierto, pero mira en tu interior, podrías haberte convertido en Galbatorix hace treinta y siete años, ¿recuerdas? Te propusieron como candidato a rey y adivinaste en la mirada de Nasuada que a ella no le importaría echarse a un lado y dejarte gobernar, y sin embargo rechazaste. Normalmente el más indicado para gobernar es el que menos lo desea. Mira en tu interior Eragon, ¿te convertirías en Galbatorix? – Eragon estuvo un par de minutos reflexionando, buscándose a si mismo en su interior, buscando una respuesta a esa pregunta, hasta que al final admitió con voz floja y reticente: No, no me convertiría en Galbatorix.

-          Tienes un corazón benévolo y una mente sabia, y además yo siempre estaré a tu lado, nada ni nadie podrá corromperte. Y sin embargo, ese tampoco es el motivo que buscas, te lo preguntaré otra vez: ¿Cuál es el verdadero motivo?

-          Fue mi destino. – y mientras lo decía notó que un gran peso lo liberaba.- Fue mi destino: partir de Alagaësia y nunca volver. Hace treinta y nueve años que escuché esas palabras por primera vez y sin embargó me han quedado grabadas a fuego en la memoria. Angela me encarceló al leerme el destino, Saphira, y no puedo escapar. Por una vez acerté en mi primer pensamiento: La ignorancia es la felicidad y por primera vez, tuve que pensar dos veces, la curiosidad mató al  gato, y yo he sido el gato. No fue el pensar que hubiese sido mi madre una de las personas a las que Angela leyó el futuro, lo que hiciese que yo quisiera saber mi destino, fue mi propio orgullo lo que me hizo decidir, me equivoqué. – suspiró y como si una nueva fuerza lo tomase añadió. – No voy a volver Saphira, sé que podría hacerlo si quisiese, pero no lo haré, he de pagar por mi orgullo y arrogancia. Creo que Angela sabía que yo pensaría esto y echó un doble cerrojo a mi celda. No volveré, Saphira, no lo haré.
Y más la semana que viene, bueno, hoy he dejado lo más emocionante, ya que dicen que una imagen vale mas que mil palabras, y creo que hay arriba no las hay XD, de todas formas la que viene ahora yo creo que vale unas cuantas palabras más, pero bueno, como ya os dije un tal Fernando se puso en contacto conmigo y me dijo que una amiga suya podía hacer la portada, desgraciadamente no conozco el nombre de esta chica, pero desde aquí creo que todos le damos las gracias. Y sin más demora, la portada del epílogo:

 
¿A que es una pasada? Al final he tenido un problema y no me ha dejado subir directamente la del Word, pero bueno justo debajo de Tharón iría mi nombre, os lo podeis imaginar.
 
Eso es todo esta semana, hasta la que viene y Feliz Navidad para todos