domingo, 12 de mayo de 2013

6º capítulo nº4


Como si de un hechizo hubiesen despertado, todos retornaron al asunto de los huevos de dragón y volvieron a discutir sobre el padre de los tres huevos. La propuesta de Espina se había reforzado desde que sabían que este había estado con Saphira. Cuando todos, incluido Brom, quedaron convencidos de que así era todos se callaron y miraron a Eragon que reía por lo bajo. Al final fue Roran el que se atrevió a preguntar:

-          Eragon, ¿quién es el padre de los huevos que nos has enviado? –Eragon les devolvió una mirada traviesa y traidora, con una sonrisa que le cubría la cara entera respondió- Yo sé quién es el que buscáis. No obstante, no soy yo quien debe revelar  eso, sin el consentimiento de Saphira y el del padre. El de Saphira lo tengo, él del padre no, preguntadle a ella sobre ese tema. Yo no diré ni una palabra.

De nuevo estallo el revuelo, la comitiva se dividió por completo. Jeod, Orrin, Orik y Garhvog fueron a hablar con Saphira para pedirle que les revelase el misterioso nombre, pero ella les respondió más o menos lo mismo que les había dicho Eragon. Garhvog y Angela fueron directamente hacia Espina, convencidos de que era él pero no consiguieron arrancarle el sí que tanto deseaban. Elva inteligente, fue hacia Murtagh pero tampoco consiguió arrancarle una palabra. Solo tres personas se quedaron en el sitio que emplazaban anteriormente, Arya, Brom y Roran. Eragon tuvo una sensación al ver juntas por primera vez a las tres personas que amaba en el mundo. Esta vez fue Arya la que preguntó:
¿Quién es, Eragon? – el respondió- No puedo decirlo


Hasta la semana que viene

domingo, 5 de mayo de 2013

6º capítulo nº3

Yo hoy por mi parte felicito especialmente  a mi madre y a mi abuela, pero también a todos aquellos que tengan madres y abuelas. El fragmento de hoy va muy relacionadas con ellas también:


Eragon no podía creer lo que veía, no supo si reía o lloraba, y antes de que se diese cuenta estaba abrazando al anciano, de nuevo todos los recuerdos de aquel que había sido su maestro le inundaron, solo existía él, bien podría estar otra vez luchando contra Saphira que no se habría dado cuenta. Eragon le apretó fuertemente contra su pecho, temiendo que si le soltaba, volvería a perderlo y no volvería a verlo jamás. Brom besó e a su hijo en la frente, él también lloraba, nunca creyó que lo volvería a ver y aún menos que el supiese su secreto. Mucho tiempo continuaron abrazados los dos jinetes, capitán y soldado,  maestro y aprendiz, padre e hijo, pero al final ambos se separaron y volvieron a sus posiciones anteriores. Entonces Eragon tartamudeando dijo:

-          P…, p…, pe… ¿Cómo? –Brom sonrió ante aquella pregunta y después soltó una larga carcajada. Finalmente le respondió-  Realmente yo tampoco lo sé, me desperté un día y lo primero que vi fueron árboles.

A Eragon le pareció que le guiñaba un ojo para reafirmar la indirecta que le acababa de mandar para que preguntase a Arya, pero no tuvo más tiempo para pensar en eso, en ese momento Firnen,  Saphira y Espina aterrizaron en el suelo, aquello hizo un efecto muy curioso pues era la primera vez que los tres famosos dragones habían volado juntos  y antes de que Eragon pudiera darse cuenta, Murtagh estaba a su derecha y Arya a su izquierda, formando una especie de espejo, ya que cada uno de los jinetes quedaba delante de su dragón.

domingo, 28 de abril de 2013

6º capítulo nº2

Bueno el fragmento de hoy va enlazado al anterior, es decir el primer párrafo de hoy es el mismo que el último que la semana pasada, los separé adrede. Además el fragmento de hoy contiene uno de los avances de aquella página de El Legado, aquel en el que censuré una palabra, bien pues hoy está, pero sin censurar.


Eragon pasó al siguiente, Arya esplendida como la última vez que la vio provocó en Eragon aquel sentimiento que había sentido por primera vez en su viaje hacia Ellésmera, nada había cambiado, él había pensado que el tiempo había terminado por enterrar el pequeño brote que había nacido en aquella prisión de Gil´ead, pero ahora aquel brote se había convertido en un árbol fuerte de raíz. Él la miró y ella a él, los ojos azules no cedieron por primera vez a los azules, sino que al final fue la elfa la que tuvo que terminar desviando la mirada. A Eragon se le empezaron a calentar las orejas y el estómago empezó a picarle. No era desconocido por nadie el pequeño romance que habían mantenido los dos jinetes durante los pocos años que habían pasado juntos. En este momento, la tensión alcanzó su punto máximo, todas las miradas de las nueve personas contando a Murtagh, el cual había ido haciendo lo mismo que Eragon solo que más tarde, se posaban sobre ellos. Todos esperaban un abrazo e incluso los más románticos (como Roran y Nasuada) esperaron un beso, el cual nunca llegó. Finalmente Eragon hizo lo que ninguno esperaba de él, agachó la cabeza y dijo en el idioma de los elfos:

-          Atra esterní ono thelduin

-          ¿Qué…? – Arya por primera vez había olvidado por completo el saludo de los elfos, aparte de que era lo último que esperaba oír de Eragon. Finalmente añadió titubeando - ¡Oh! Mor´ranr lífa unin hjarta onr

-          Un du evarínya ono varda.

Y sin más demora pasó al último de los componentes de la comitiva. Todos quedaron decepcionados con lo que Eragon había hecho, especialmente a la elfa, pero este sabía lo que hacía, había esperado treinta y siete años para aquel momento, podía esperar un poco más, en lo que se refería a Arya y a él los concernía solo a ellos y no era un tema que debiera de hacerse público. Como Firnen había corrido hacia Saphira en el momento en el que había tocado el suelo y juntos se habían ido volando, no hizo falta ir a saludarlo, así que se pudo dirigir hacia el último.
De todo lo que le pasó a Eragon  aquella tarde, nada le sorprendió más que aquello. Muchas cosas le vinieron a la cabeza y quiso decirlas todas sin importarle si lo que decía estaba bien o mal, pero de su boca no salió ni una sola palabra. Sus ojos se bañaron en lágrimas plateadas que caían como cataratas por sus mejillas. Todo sentimiento por Arya se borró de su mente. Varias veces se frotó los ojos, pero era verdad, allí, en la plaza redonda de Ilirea, la capital de uno de los reinos de Alagaësia, estaba Brom.

Hasta la semana que viene